No me preocupo porque nada va a estar bien

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Con el paso del tiempo, aprendí que preocuparse demasiado de las cosas no sirve. Mi vieja siempre me dijo: “no te preocupes, ocúpate”. Consejo que me ha seguido toda la vida, incluso ahora. Es claro, certero, pero no me gusta. No le encuentro la gracia. En fin.

El motivo principal para ponerle demasiada atención a un problema es sencillo, esperar que las cosas se tornen mejor. “Estoy preocupado porque el dólar bajó”, o sea, quiero que el dólar suba. Es sencillo. Tan sencillo que da miedo.

Anhelar parabienes nunca ha sido malo, pero estoy sintiendo que preocuparse no vale la pena, mucho menos cuando todo es tan desechable. Pasada la presión, te das cuenta que todo el estrés y toda el mal rato ya no sirve de nada.

Prefiero hacerle caso a Drexler, que, sabiamente, dice “I don’t worry about a thing, ’cause nothing’s gonna be alright”. Más que cierto. ¿Para qué preocuparse tanto, si, al final, nunca nada va a estar bien? Adaptar y transformar, no preocupar. Además, “la vida puede que no se ponga mucho mejor que esto”.

Inarita

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Cuando por primera vez escuché The Bird and The Bee, obviamente, lo primero que me llamó la atención fue la voz de Inara George. Tan suave, tan potente, tan dulce, pero relajada. Ese tipo de voz que no caduca y que se queda en tu mente de forma duradera.

El estilo del dúo no era muy lo mío, pero siempre me mantuve al tanto de cualquier single o proyecto aparte que sacara la susodicha. Ahí mismo se me cruzó. Hace un par de meses, escuché a las The Living Sisters, un trío de chiquillas que lo único que saben es hacer las cosas bien.

Con 3 juegos de cuerdas impresionantemente bellos, que llevan por nombre Eleni Mandell, Inara George y Becky Stark; se dan el lujo de llenar cualquier espacio que se propongan en una apuesta certera y acabadísima. Doo Wop del bueno, sencillo y delicado. Un encanto de principio a fin.

Puede leer el review del Love to Live, disco de las The Living Sisters, escrito por la Jajito por acá. Y el de Janine por acá. Dos chicas que saben.

Siguen cayendo en mi cabeza

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En 1969, Hal David and Burt Bacharach escribieron Raindrops Keep Falling on My Head para el soundtrack de Butch Cassidy and the Sundance Kid. Como interprete, escogieron a don B.J. Thomas, quien la usaría como caballito de batalla y la inmortalizaría en su mejor versión posible.

Aún hoy, esta canción sigue siendo tocada. No es difícil encontrársela sonando en un mall, en una tienda de mala muerte, en un spot publicitario o en alguna película. Hay tonadas que nunca mueren y que, incluso, mejoran con el tiempo.

¿Por qué todo esto? Porque, junto con las tonadas, hay palabras que, inclusive luego de años, siguen sonando sabias y correctas. Y como escribió Hal y Burt, y luego cantó B.J.:

Raindrops keep falling on my head, but that doesn’t mean my eyes will soon be turning red, crying is not for me, ’cause I’m never gonna stop the rain by complaining

No es broma

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This is not a joke so please stop smiling.

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Lo peor de todo es que, a ratos, siento que perdí el control. No hay nada como manejar en la dirección equivocada, esquivando baches, pero sabiendo que no vas a llegar a tu destino. Siempre me ha resultado complicado, nunca he trazado una ruta certera, pero siempre hay cosas que me guían. La gran gracia es darse cuenta que estoy dispersándome y cayendo de a poco.

Los caminos partieron juntos, ordenados y poco claros; pero ordenados al fin y al cabo. Ahora no sé. No tengo tiempo para detenerme y armar de nuevo. Quiero hacerlo, pero siento que no puedo, que no podré, que me está superando. Odio cuando las piezas las ordenan otros. Cuando los movimientos no los planeo yo. Cuando pareciera que no estoy siendo parte.

Estar en el borde es casi una costumbre, aprendí a equilibrarme en la cornisa. Y sí, quiero evitarlo, pero no es mi turno de jugar, mientras más me esfuerzo, menos me resulta. Las cosas no cambian mucho por estos lados. Ojalá y alguien se diera cuenta que el tablero está inclinado. Pero nadie le pone mucha atención a esta partida.

De a poco se recuperan las ideas, pero con el primer estornudo de la mañana siento que no tiene caso seguir tratando y es mejor resignarse y pensar en otra cosa. A esta historia le hace falta un deus ex machina grande, complejo y, valga la redundancia, inesperado. Es cosa de tiempo, supongo, siempre lo es.

Lo medular es no perder en la primera ronda y seguir con energía porque la segunda y la tercera son incluso más horrible.Aunque sea agotador, aunque a veces el sentimiento no acompañe, aunque a ratos parezca que no se puede seguir subiendo. Sigo esperando que los minutos me den las soluciones. Quizás por eso no me puedo dormir temprano.

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